Del “batyushka” Rasputin a la banda Батюшка (batyushka): la tradición de la exquisita blasfemia rusa

Cuando los rusos blasfeman lo hacen con tanto estilo y elegancia que nosotros, brutos criados en la decadencia de Occidente, les tomamos como fervientes creyentes. La banda Batushka es el mejor ejemplo de ello. Y también lo era Rasputin.

Catedral de San Basilio (Moscú) convertida desde 1929 en museo y edificio público.

Catedral de San Basilio (Moscú) convertida desde 1929 en museo y edificio público.

[Sí, sí, la banda Батюшка no es rusa, es polaca. Pero igual, este artículo no es sobre la banda… o no del todo, en todo caso].

Aunque el dominio de la Iglesia Ortodoxa Rusa en la tierra de los zares durante los siglos XVIII y XIX era incuestionable, existieron de manera clandestina conocidas sectas religiosas clandestinas de carácter y rituales netamente eróticos. La evidencia disponible indica que tales sectas eran lideradas y dirigidas por hombres cuya visión, capacidades, prácticas y objetivos los revelaban como satanistas de primer orden (entendiendo por satanismo el disfrute, epicúreo o hedonista, de los placeres sensuales versus el ascetismo y la castidad del cristianismo).

Ritual extático de los Khlysty o Jlystý

Tal vez el ejemplo más representativo de tales grupos sea la secta de los khlysty, o jlystý [flagelantes]. Estos hombres sabios, practicantes de un extraño ascetismo,  eran concientes que las pasiones siempre terminan ganando sobre el espíritu. A primera vista, la “santa” justificación del placer y la lujuría que daban los sacerdotes de los khlysty parecen hipocritas, pero cuando se analiza el clima religioso en la Rusia de los zares Romanov, estos mismos argumentos resultan claramente pragmáticos.

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La respuesta religiosa rusa ha sido siempre conocida por su sensualidad extrema y su alta carga de emotividad y misticismo. Para los rusos la extravagancia, vistosidad y solemnidad de su ritual y su liturgia ha jugado consistentemente un papel sustancial. Y el patrón de embriaguez, desenfreno y libertinaje seguido por un arrepentimiento contrito y angustiado estaba frecuentemente más alla de la comprensión de Occidente.

El «batushka» (padrecito) Grigori Efimovich Rasputin.

El «batyushka» (padrecito) Grigori Yefimovich Rasputin.

¿Quiénes eran y de donde vienen los khlysty? Aparecieron por primera vez en Rusia por la misma epoca que sus antagonistas, sus hermanos “separados”, los skopcy, o “castradores” (alrededor del año 1500). Su ritual, aunque pertenecía a la liturgia rusa, también contenía adaptaciones de ceremonias foráneas. Celebraban de palabra y hecho a dioses antiguos y divinidades precristianas, a dioses como Ialiro y Rusalky, personificaciones de la pasión y el deseo, y al Bomoboy, o genio tutelar. Los oficiantes invocaban dioses biblícos del placer y oscuros demonios como Balaam y deidades persas como Kors. En el ritual de estos “perseguidores del goce”, sus giros y circunvoluciones, seguidos de una frenética actividad sexual, eran virtualmente indistinguibles de la danza extática de los derviches sufíes.

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Indudablemente el más feaciente testimonio de la influencia de sectas foráreas sobre los khlysty era su dogma del “arrepentimiento a través del pecado” —la proposición que el intercambio físico con un elegido, o una “divinidad” (alguien en quien habita un dios o bien el fuego de divino) terminaría por aboler y transformar el pecado en virtud. Cabe anotar, por si queda alguna duda, que tales intercambios sexuales tenían lugar con cantos litúrgicos de fondo. No es de extrañar que las autoridades políticas y eclesiásticas de finales del siglo XIX les persiguiera, considerándoles “subversivos”.

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Aunque difiere levemente, esta doctrina tiene un asombroso parecido a la predicada por los «Hermanos del Espirtu Libre» en Francia, Alemania y Checoslovaquia durante los siglos XV y XVI. Los «Hermanos del Espiritu Libre» era una secta de disidentes abortados del útero de su Madre Iglesia Romana. Enseñaban que dentro de cada ser humano habita una pequeña chispa divina. Creían que un pequeño reconocimiento de esta esencia mágica dentro de cada hombre era suficiente para liberarse de cualquier tipo de restricciones, ya fueran sociales, sexuales o intelectuales.

El batyushka Grigori

A través de su historia, los rusos han sido predominantemente receptivos, aunque a veces quijotescos. Incluso bajo el régimen que les impuso una forzada igualdad de clases, pudieron hallar su lugar con mucha facilidad y reconciliarse con ello. Al fin y al cabo, la intriga y el cambio siempre han provenido de las más extrañas esferas. La doctrina de la “llama interna” fue por tanto, fácilmente adaptada para que se acoplase al “alma” rusa. Y en lugar de invocar a cincuenta dioses menores de una congregación en busca de su divinidad, un lider humano se hacia divino. Todos se inclinaban con devoción ante este maestro o líder; él era quien los liberaría del pecado. Este ritual era acompañado por el uso de un formato de liturgia ortodoxa completamente transformado, persistentemente entrelazado a los rituales.

Asociado con este fenómeno hallamos al maestro ruso y villano conveniente Grigori Yefimovich Rasputin, llamado respetuosamente por sus allegados “batyushka” (que significa “padrecito”), y a quien la cultura popular bautizó como el “monje loco”. A través de la fuerza de su personalidad y el encanto de una naturaleza algo ambigua, Rasputin tuvo éxito al detener los ataques hemofílicos del zarevich Alexei, hijo de los zares y heredero al trono, integrandose así en los circulos internos de la corte del Zar Nicolás II, ganando reputación de starets (hombre santo).

Los khlysty recibieron mucha de la fama que tienen a través de su presunta asociación con Rasputin. Si bien su pertenencia o asociación con la secta khlysty nunca ha sido plenamente demostrada, lo cierto es que Rasputin sí había acogido su creencia principal: la verdadera salvación sólo puede venir del verdadero arrepentimiento, y este a su vez sólo quien en verdad haya pecado. Para obtener el perdón, primero has de pecar. Aunque se han escrito toneladas de libros sobre él, solamente la perceptiva biografía de Colin Wilson, y la biografía novelada de Massimo Grillandi, parecen dibujar su retraro con bastante precisión. Si se tiene suficiente perspectiva, las memorias de Maria, la hija de Rasputin, son bastante esclarecedoras.

Las cualidades poseidas por Rasputin serán algún día el material a partir del cual se cimentara la busqueda de la grandeza humana —el tipo de grandeza que hace avanzar al hombre en su desarrollo evolutivo. Algunos vieron esta grandeza en Rasputin y sintieron su efecto en formas que no podían entender, formas que incrementaban el dolor de su propia incompetencia. Debido a que Rasputin utilizaba este mecanismo interno, este “detector de incompetencia”, el batyushka se granjeó muchos sicofantes… al igual que muchos enemigos.

Rasputin y los Grandes Duques Pedro y Nicolás, primos del Zar Nicolás II

Lejos de ser ocultistas de pacotilla, las personas que llevaron a Rasputin a San Petesburgo y lo presentaron ante la corte eran miembros prominentes de la intelligentsia urbana la aristocracia clerical como el Archimandrita Teófanes, rector del seminario Alejandro Nevsky de San Petersburgo y confesor de la pareja imperial. Diletantes y santos (principalmente Juan de Kronstadt) le consideraban un hombre santo con poderes de Dios. (Sin embargo después de su muerte lo condenaron como un diablo). Relatos de sus inclinaciones extremas y sus excesos florecian por doquier en la ciudad, incluyendo obviamente los rumores sobre rituales extáticos que incluían autoflagelación y orgías sexuales mientras los asistentes cantaban himnos a la usanza de la liturgia ortodoxa rusa.

Se decia que había cierta emanación azulada que parecia emerger de sus labios. Se le atribuía una capacidad escalofriante para percibir los pensamientos y las emociones ocultas de otros. Esto es sustentado por sus propias palabras, que tambien refutan en los argumentos de quienes buscaban desacreditarlo al insinuar que entre sus “vicios” estaba el hurto. Su hija, Maria Rasputin, recuerda a su padre diciendo: “Nunca me atrevi a robar ni el más pequeño objeto. Solía creer que todos se darían cuenta de una vez que yo habia robado algo, ya que yo mismo notaba cuando uno de mis camaradas había robado”.

Sus capacidades curativas fueron reconocidas y ampliamente divulgadas, sin embargo no lo fueron sus métodos, ya que el de Rasputin no era un chamanismo comun y corriente, propio del curandero. Su presunta vida libidinosa, libertina y extravagante ha sido el sujeto de incontables y purulentos ataques, al igual que su inexistente papel de lider-redentor en la secta de los khlysty.

La  enigmática mirada del batyushka en estas fotos retocadas para la posteridad.

Que Rasputin se involucrara en una camarilla política esta fuera de duda. A pesar de su histrionismo, y de que era bastante impulsivo, franco y abierto, no era alguien fácil de impresionar, y probablemente tenía un alto nivel de inteligencia natural. Sin embargo, poco se sabe de las reuniones secretas que tenían lugar en “noches especiales” del año, en las que sólo se admitian unas pocas personas, tanto nobles como plebeyos —noches a las cuales se aludía pero que no se discutían, donde Rasputin era “la llama roja” y se llevaba a cabo “la gran obra”, es decir, cuando el oficiante toma posesión sexual de sus fieles devotas, “despertando la divinidad” en cada una de ellas.

Cuando Alejandra, la emperatriz de Rusia, fue ejecutada en el sótano de la casa Ipatiev en 1.918, dos años después del cruel asesinato de su bathiuska Grigorig, los guardias hicieron un descubrimieno único. Mientras buscaban joyas entre sus poseciones, encontraron un par de dragones verdes tallados en esmeralda cosidos a su corse, que Rasputin le había regalado muchos años atrás. ¿Podría ser que Rasputin alla tenido tratos con El Dragón Verde, la extraña orden hermética extendida por todas las Rusias? También hay muchas especulaciones sobre las verdaderas motivaciones del movimiento khlysty de fin de siècle.

De Rasputin a Батюшка (Batushka, o “batyushka”)

En su canción ‘The Khlysty Evangelist‘ (El Evangelista Jlystý), los suecos Therion utilizan como intro un cántico similar al de la liturgia ortodoxa rusa para ambientar su oda a Rasputin, pero el uso de música y cantos propios de dicha liturgia en la cultura pop no es algo nuevo: en su álbum «Sadeness» de 1990, el proyecto experimental alemán ENIGMA había hecho otro tanto en su canción Mea Culpa (orthodox version.

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A su vez, para la banda sonora de su película «Eyes Wide Shut», el fallecido director Stanley Kubrick se sirvió de esta sonoridad para ambientar la escena de orgía ritual que constituye el cenit de la cinta. No hay que hacer mucho esfuerzo para trazar un paralelo entre esta escena y las reuniones del batyushka y sus alegres amigas.

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La compositora Jocelyn Pook reveló que est corte en particular está compuesto por e, cántico de un sacerdote rumano, reproducido al revés, utilizando esta técnica para darle textura adicional a las cuerdas utilizadas en este segmento. En este clip de SoundCloud puede escucharse el cántico del sacerdote rumano, propio de la liturgia ortodoxa griega. Los paralelos no se hacen esperar.

La banda de origen polaco Батюшка (batyushka) toma elementos propios de la liturgia ortodoxa rusa, los invierte de la misma manera que lo hacen muchas bandas de black metal en Occidente con la liturgia católica, pero mantienen la solemne y resonante sonoridad de sus cantos, tan diferentes de los cantos gregorianos del catolicismo, para hacer más vivo el contraste, y mayor la blasfemia, entre la forma sagrada del ritual (los cantos, la puesta en escena, los símbolos) y el fondo blasfemo del ritual mismo.

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Sólo imaginen: ¿Qué puede ser más blasfemo que recitar letanías como «Yo, el Señor tu Dios, bendigo este disparo mientras se realiza la cópula sobre el altar»? Imagina al batyushka Grigori con su círculo de devotas feligresas, bendiciendo la eyaculación sobre el vientre de alguna feligresa, añádele algo de black metal y el resultado es Батюшка (batyushka), la banda.

Traslademos la escena arriba descrita a nuestro contexto latino, a la tradición católica de nuestras sociedades. Una banda de black metal que adopte la parafernalia católica pero invierta su simbología, se sirva de cantos gregorianos de fondo, recite letanías en ese latín macarrónico que tanto gusta en nuestras escenas locales de black metal, y haga una puesta en escena similar a la «Ceremonia del Aire Sofocante» con el ataúd y los responsorios correspondientes, y tendríamos el más potente e impactante psicodrama de todos.

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