MARDUK: Luego del escàndalo, ¿ahora qué?

Aunque Marduk no se presentó el 5 de octubre en Colombia por la negativa final de la banda, la lucha apenas comienza. ¿Qué se aprendió y qué puede hacerse de aquí en adelante? Este es nuestro análisis.

Todo estaba listo. La boletería agotada una semana atrás. La organización aseguraba en medios que el concierto se haría. El local inicial, «Ace of Spades», ubicado en la localidad bogotana de Engativá, había sido sellado “temporalmente” por las autoridades distritales el 27 de septiembre de 2018 debido a “incumplimiento de la ley 1801 de 2016”. El sellamiento de 10 días también afectó la presentación de la banda alemana Destruction cuyo concierto en dicho local estaba previsto para el día martes 2 de octubre. Destruction se presentó en el Auditorio Lumiere, pero para Marduk la organización buscó hacerlo en la sala «Palermo». Este plan B también falló, porque dicho local fue sellada por las autoridades distritales, argumentando los mismos pretextos de incumplimiento de la ley. Se acudió entonces a un Plan C (hacer el evento con la banda en Colombia al regreso de su fecha en México) e incluso Plan D (hacer un concierto “sorpresa” en la fecha original, pero fuera de Bogotá).

Todo se hacía en el más completo sigilo, evitando el escrutinio de los nuevos inquisidores. La banda hizo acto de presencia en una sesión de meet & greet. Finalmente, se consiguió un local en Soacha para hacer el concierto en la fecha programada. Sin embargo, a última hora, y para la ira, frustración e impotencia del organizador, quien se había jugado el todo por el todo yendo más allá del llamado del deber, para que Marduk se presentara ante los fanáticos que habían comprado la boleta, la banda tomó la decisión de no tocar. Los detalles que rodearon la última escena de esta novela son tema aparte y, para evitar cualquier tipo de especulación, ha de esperarse el pronunciamiento oficial de las partes implicadas. Lo que importa ahora son las lecciones aprendidas y los retos a superar. Esta es nuestra apreciación.

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LOS CUERNOS DE UN DILEMA

El escándalo iniciado por un concejal líder del voto cristiano en Bogotá, viralizado en redes sociales y azuzado por los medios masivos de comunicación en Colombia alrededor de la presentación de la banda sueca de black metal MARDUK en la capital colombiana, generó un boom mediático sin precedentes para una agrupación de metal visitando Colombia. El motivo de oposición del concejal era la naturaleza “satánica, corrupta y blasfema” de la agrupación, pero el evento se vio obstaculizado por una vigilancia burocrática inaudita para un evento de esta naturaleza. La controversia mediática, que hizo énfasis en la libertad de expresión y en el contenido de las letras de la banda, expuso el metal extremo a un público que, de otra manera, jamás se habría imaginado que existía y encendió las alarmas sobre la censura soterrada y el poder que aún tiene la religión institucionalizada.

Aunque se quiera pensar que esto no sucedería en un país laico, los gritos de “represión y “censura”, y los reclamos de “libertad de expresión” y “libertad de culto” no carecen de fundamento, por dos razones:

  1. Pese a que la alcaldía local de Engativá había dado su visto bueno para la realización del concierto, el accionar de Miguel Turbay Uribe, Secretario de Gobierno del Distrito Capital, y posible precandidato a la Alcaldía Mayor de Bogotá en las elecciones de 2019, seguramente le granjeará el apoyo del voto cristiano, más cuando Engativá es fortín político cristiano. Que se haya esgrimido la normativa como la razón tras el sellamiento es irrelevante: para el fanático cristiano que ha seguido los hechos desde la campaña emprendida por el concejal Marco Fidel Ramírez, todo esto es señal de que Dios escuchó sus oraciones.
  2. El hecho que Enrique Peñalosa, actual Alcalde Mayor de Bogotá, el hombre en el segundo cargo más importante de elección popular en este país, haya sentenciado vía Twitter que “Marduk no se presentará en Bogotá” una semana antes de la fecha prevista, sólo por el sellamiento del local «Ace of Spades», sin considerar la posibilidad de que el concierto pudiera hacerse en otro lugar, es un claro indicio tanto del nivel de presión ejercido desde el Concejo de Bogotá y de que toda la maquinaria burocrática del Distrito estaba orientada a bloquear e impedir la realización del evento.

Si eso no es represión, entonces ¿qué es?

¿Por qué el concejal sólo se fijó en Marduk, mientras que Destruction, Napalm Death y Cannibal Corpse se presentaron en Colombia durante esa misma semana? Tal vez porque ese es el precio a pagar cuando tus expresiones son controversiales, polémicas e impopulares en el actual clima de correctismo político, te llevan a la palestra pública. Pero que Napam Death y Cannibal Corpse hayan visto su entrada a Guatemala prohibida por un acto legislativo, y que tres corporaciones legislativas de orden estatal como el Congreso de Guatemala, la Asamblea Legislativa de El Salvador y la Asamblea Nacional de Panamá hayan intentado tomar medidas directas contra la banda escandinava deja un precedente. ¿Estarán bajo fuego las próximas fechas en Colombia de Enthroned, Dark Funeral, Arch Enemy, Kreator y Dimmu Borgir? Lo sucedido es un campanazo de alerta sobre lo que puede venirse a futuro, especialmente por la fuerza que han cobrado los partidos y movimientos políticos cristianos en nuestros países.

Los próximos conciertos de Enthroned y Dark Funeral en Bogotá serán una ocasión excelente para medirle el aceite tanto a la fanaticada del black metal como a los activistas cristianos del momento. Y también para ver qué tan blindados están los organizadores independientes de estos pequeños conciertos.

Cabe anotar también que lo iniciado por el concejal no es un hecho aislado. Aquí no se trata del concejal de una capital del tercer mundo, ni mucho menos un coletazo de lo iniciado en Guatemala por cuenta de grupos cristianos (pentecostales, para ser precisos).

La guerra cultural, que hace años comenzó en la anglosfera, llegó a América Latina bajo la forma del integrismo religioso. La presentación de Marduk en Quito, Ecuador, se vio obstaculizada por un operativo policial que examinó las condiciones de los locales donde podría realizarse el concierto, resultando en la cancelación del mismo. Y si bien en México las iniciativas no pasaron de una recolección de firmas, la entrada de la banda a El Salvador trató de ser bloqueada mediante solicitud de la Asamblea Legistaltiva de ese país al Ministerio de Gobierno

La solicitud, sin embargo, no pasó de allí y las presentaciones de Marduk en El Salvador y Guatemala se mantienen.

MARDUK LEGIONS PANAMA - 2018

MARDUK LEGIONS PANAMA – 2018

En Panamá, la polémica se desató por la alteración del Escudo de Armas de ese país en la publicidad del concieto de Marduk programado para el sábado 6 de octubre. La imagen, publicada en Instagram, les valió el rechazo de la Plenaria de la Asamblea Nacional de Panamá. Los diputados emitieron una resolución en la que instaban al Gobierno a hacer cumplir la Ley 12 de 2012, en la que establece que «el Estado panameño es el titular de la propiedad intelectual de los símbolos patrios de la Nación» y también establece «sus prohibiciones de uso y sanciones de los símbolos patrios».

[Por cierto, Marduk hizo lo mismo con los escudos de Guatemala y Costa Rica para promover la gira… y la banda colombiana MASACRE hizo una leve intervención con el escudo de su país para la portada del álbum «Muerte Verdadera Muerte».]

La Iglesia Católica también se pronunció en contra de la presentación de la banda en Panamá, pero el pretexto final del Ejecutivo en cabeza del Ministerio de Trabajo y Desarrollo Laboral de Panamá fue una cuestiòn de “permisos laborales”

Llama poderosamente la atención que estos bloqueos aparentemente administrativos y legislativos se den justamente en los países con los índices más elevados de corrupción de la región, y que sean estos países donde los movimientos y partidos políticos cristianos han ganado más fuerza y apoyo durante los últimos años. En contraste, la banda se ha presentado sin mayores inconvenientes en Argentina, Brasil, Chile y Costa Rica. Que las autoridades civiles de países como Ecuador, Colombia y Panamá se tomen el tiempo y la molestia de intervenir para bloquear la presentación de una banda de black metal que a lo sumo atraerá a 300 personas por presentación, es una pista sobre qué temas son importantes para dichos gobernantes… o bien que hemos subestimado el poder y alcance de los partidos políticos cristianos y que en realidad tienen más poder que el que estamos dispuestos a aceptar.

En cuanto a porqué Marduk SÍ pudo presentarse en la ciudad colombiana de Pasto, este reporte de CNC noticias puede darnos algunas pistas al respecto:

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Sin embargo, hacer el concierto en Pasto no fue tan sencillo; además de la recolección de firmas por parte de grupos cristianos de esa ciudad, las autoridades municipales intentaron igualmente obstaculizar la realización del evento, solicitando cuanto permiso, autorización, certificado o comprobante de pago estuviera en las normativas vigentes, desconociendo el hecho de que tanto el organizador como el dueño del local ya habían realizado todas las diligencias pertinentes con suficiente antelación. Por ello, al no poder revocar los permisos vigentes, las autoridades municipales se quedaron sin pretextos para impedir la realización del evento.

MARDUK junto a LUCIFERIAN y AZOTH en Pasto. Afiche promocional del evento, realizado el 3 de octubre de 2018.

Como medida preventiva a posibles desmanes por la eventual presencia de activistas católicos o cristianos que pudieran hacer acto de presencia paa protestar contra la realizaciòn del concierto, la fuerza pùblica hizo un despliegue de efectivos nunca antes visto en un concierto de metal en Pasto. Así, con este tipo de medidas, y con gran expectativa por ser la antesala a la presentación de Marduk en Bogotá, el concierto fue todo un éxito.

Organizado por Alexander Yela de Wolf Legions Productions, el cevento tuvo una acogida inesperada, convocando unos 250 asistentes. La banda dio muestras del profesionalismo que siempre les ha caracterizado y la interacción con el público fue la usual de la banda. Por su parte, el reporte entregado por el Comandante de Policía de Pasto es un ejemplo de mesura y objetividad. :

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La impulsividad e inmediatez en redes sociales ha dado pie a juicios de valor atacando —sin fundamentos— a Morgan Haraksson, líder y fundador de Marduk, cuando a todas luces la decisión fue de la banda. Pero ello fue sólo la consecuencia de una de tantas aristas. Detrás de la obstaculización burocrática y la negativa de Marduk a tocar hay mucho más de lo que se ve a simple vista. Probablemente haya aspectos legales a resolver, y ello sólo se resolverá cuando las partes implicadas se pronuncien oficialmente. Hasta entonces, cualquier especulación es justamente eso: una especulación. No obstante, lo sucedido en Bogotá nos permite hacer un juicioso análisis de la situación y, lo más importante, de los retos que se vienen a futuro.

Entre el humeante polvo y las cenizas asentadas, se yerguen los vencedores sobre los despojos de los vencidos de esta primera batalla. Pero, ¿quién ganó?

¿QUIÉN GANÓ QUÉ?

  • El primer ganador es, sin dudas, el concejal Marco Fidel Ramírez. El autodenominado “concejal de la familia” ganó credibilidad entre sus votantes, electores y seguidores. El boom mediático le puso en el ojo del huracán, visibilizándolo y ganándole odios y adhesiones. Tal vez sea el concejal más conocido en Colombia. Sin embargo, la ganancia verdadera y su resultado final se verá en las urnas durante las elecciones municipales de 2019
  • Visibilización de la censura a la libertad de expresión. Aunque todo derivó en un argumento legal de fallas en la implementación de una normativa, todo el asunto comenzó con la condena de un concejal cristiano. La viralizaciòn en redes sociales y la respuesta de los medios evidenció algo que estaba implícito: pese a que la Constitución de Colombia diga que este es un país laico, la religiosidad sigue teniendo un peso enorme en el sentir y actuar de un porcentaje considerable de la población colombiana. Y aunque muchos se nieguen a aceptarlo, se convirtió en un predictor en la intención de voto en Colombia
  • La comunidad metalera: una expresión cultural subterránea, que se mueve al margen de las normativas y leyes de los Estados Nación, que trasciende clases sociales, etnias, fronteras y culturalismos, quedó nuevamente en la mira. Nada raro que durante los próximos meses veamos un renovado interés por parte de los grandes medios y las emisoras comerciales de rock abriendo nuevamente sus espacios a programas especializados del género.
  • Andrés Arce, socio de Backline America Corporation y dueño del establecimiento «Ace of Spades». Aunque el revés económico tuvo que haber sido considerable, el empresario y gestor cultural salió fortalecido y renovado. No sólo por los saludos a la bandera en redes sociales, sino a las manifestaciones de toda una comunidad que le rodeó y le apoyó en una justa causa, logrando nuevos aliados y amigos, sino por el aprendizaje que le representó enfrentarse él solo ante toda la maquinaria burocrática de la capital de la república, que nunca le había prestado mayor atención a tantos y tantos conciertos que se llevan a cabo año tras año en la capital de Colombia, mucho menos a los organizados por el mismo Arce, pero que de un momento a otro tuvo sus baterías y su aparato enfilados –y afilados— a obstaculizarle y bloquear su gestión cultural. Seguramente aprendió muchas lecciones. En cuanto al apoyo manifestado por todo un colectivo, independientemente del subgénero o estilo musical, hacemos votos para que no se quede en palabras.

Pero ganar es perder  un poco, y por irónico que parezca, todo el colectivo también perdió algo. La magia de lo ‘subterráneo’ es precisamente, esa; moverse de manera subrepticia e imperceptible para el gran público. Similar a una cofradía, se comparte contenido de unos pocos, con unos pocos, para unos pocos. Y con el boom mediático generado por el caso Marduk, de pronto el metal extremo volvió a ser visible. Ello atraerá a muchos jóvenes ávidos de sensaciones y con ganas de descubrir todo un mundo nuevo de música y contenido (y hay que acogerlos, ¡faltaba más!).

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Probablemente, esto también traerá consigo la indeseada atención de los grupos reaccionarios de costumbre. Ante esta segunda consecuencia, varias voces de la escena colombiana se inclinan más por el “pasar de agache”: no hagamos mucho ruido, no llamemos la atención; esperemos a que las cosas se calmen y a la gente se le olvide y mientras nos mantengamos quietos, nos dejarán quietos. Ello se entiende; en el clima de ignorancia e intolerancia ideológica en Colombia, despertar fanatismos no es lo más recomendable.

Sin embargo, todo esto también deja grandes perdedores…

Meme que circuló en redes sociales colombianas luego de la exitosa presentación de la banda en la ciudad de Pasto. La ironía no pasa inadvertida.

¿QUIÉN PERDIÓ?

  • MARDUK, definitivamente. Aunque a simple vista su reputación de banda controversial aumentó exponencialmente, y la gira de la banda ha logrado tener un cubrimiento por parte de medios masivos de comunicación en toda América Latina que ni Metallica, ni Iron Maiden han recibido en todos estos años, los obstáculos de la gira seguramente representen un descalabro económico cuyas secuelas no podemos prever. Cualquier integrante de banda en una ira medianamente exitosa conoce de primera mano los niveles de estrés que ello puede generar, ahora imaginemos por un momento cómo debe ser ir de gira teniendo en contra los aparatos estatales de cuatro países en contra. Eso tampoco lo podemos dimensionar.
  • Los organizadores en Ecuador, Colombia y Panamá. Se perdieron los tiquetes de avión y las gestiones realizadas en los países donde Marduk ha tenido la entrada vetada o sus conciertos cancelados, y el dinero invertido en alquiler de equipos, seguros, certificados y permisos en cada una de las localidades.

A mediano plazo, también perderán los pequeños y grandes empresarios / promotores / organizadores de conciertos ‘under’ (y no tan ‘under’) en Colombia… Durante años, estos empresarios han tratado de hacer lo mejor posible, jugándose el todo por el todo, para traer a Colombia bandas reconocidas en la escena internacional.

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Nombres como Carlos Oñoro (Metal Millenium), Andrés Arce (Backline America Corporation), Germán Andrade, Nelson Varela (Sylphorium), Edwin Villareal (Cruzada del Fuego), Alfonso Pinzón (Festival del Diablo), William Paniagua, Hollman Mendoza (Metal del Sur), Alexander Yela (Wolf Legions Productions), Jorge López (Lemmy Producciones), Daniel Paz, (Blasting Records), Nelson Dorado (Iron GoatCommando), Jesús Claros (Trauma Records), Richard Dunkel (Kaos Corporacion), Camilo Delgado (String Howling), Mario Herreño (Colombian Shows), Cristian Espinel (Underground Glory), o Mauricio Sánchez (Tribulación),  que han puesto tanto su credibilidad como su capital para echar los cimientos que permitan generar una industria relacionada con el Metal, han sido los directos afectados de las condiciones leoninas que impone el Estado colombiano para la realización de conciertos en el país.

El decreto 3888 del 10 de octubre de 2007 («Plan Nacional de Emergencia y Contingencia para eventos de Afluencia Masiva de Público»), la Ley 1493 del 26 de diciembre de 2011 («Ley de Espectáculos Públicos») y la Ley 1801 del 29 de julio de 2016 («Código de Convivencia Ciudadana», eufemismo para designar el Código de Nacional de Policía) le brindan al ejecutivo los mecanismos de control legales, normativos y fiscales para regular no sólo la manera como se lleva a cabo un concierto (cualquiera que sea) sino los impuestos que debe pagar el organizador de turno que quiera hacer todo legalmente.

La cuestión es que cumplir con toda la normativa actualmente vigente requiere de una inversión considerable. Ya se trate del dueño de una sala de eventos para la realización de un concierto que albergue entre 100 a 400 personas, un promotor que se dé a la tarea de organizar eventos en una o varias ciudades o un emprendedor que quiera iniciarse en el complejo mundo de organizar un concierto, la cantidad de dinero a pagar por concepto de impuestos, certificados, permisos y normativas es enorme. Y por ello también las voces de “no hagamos ruido”; “mientras menos atraigamos la atención de los organismos de control, tanto mejor para nosotros y seguiremos haciendo eventos sin mayores percances” Y no es por evadir la ley.

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Promover la cultura de la legalidad debe comenzar por el ejemplo. Pero también es cierto que, en Colombia, hacer las cosas legalmente es supremamente costoso (ejemplo: una vista de trabajo musical para alguien de una banda es considerablemente más costosa que, digamos, una visa de invitado cultural, y si el organizador puede ahorrarse unos cuantos pesos, no va a desaprovechar la oportunidad). Puede que los activistas cristianos repudien la blasfemia y vayan tras la ideología, pero el Estado va detrás del dinero de impuestos. Y, para ser sinceros, Jesucristo pasa a segundo plano cuando se trata del dios dinero y el recaudo de impuestos.

La gran mayoría de seguidores del metal desconocen este tipo de detalles, y cuando preguntan porqué los conciertos en otros países tienen unos precios de boletería tan bajos comparados con Colombia (donde el precio usual por un concierto de banda extranjera de metal está alrededor de los 35-40 dólares), el metalero colombiano promedio cree que los organizadores quieren forrarse en billetes, cuando la realidad es mucho más amarga: la boleta es cara porque los impuestos a la cultura en Colombia son elevados, casi el 20% de la boletería recaudada en un evento.

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El panorama no es muy alentador: la llamada “economía naranja” que tanto pregona el presidente Iván Duque, y las leyes que la regularán, están diseñadas para beneficiar a los grandes empresarios que mueven cientos de millones de pesos en la industria del entretenimiento, con artistas que llenan estadios y coliseos con públicos que se cuentan en decenas de miles, enfrentando a los pequeños y medianos empresarios con condiciones cada vez más adversas y obstáculos más difíciles de superar. El resultado, a mediano plazo, puede ser la desaparición de estos pequeños independientes, que terminarán desistiendo de su labor, siendo absorbidos por firmas más grandes con un poderoso músculo financiero como Tyrona y Páramo. Otra opción es que estos pequeños empresarios unan fuerzas y trabajen en conjunto, pero la evidencia disponible hasta el momento indica que este panorama es altamente improbable.

¿QUÉ PUEDE HACERSE?

Lo que está sucediendo en varios países de América Latina, específicamente desde Ecuador hacia el norte hasta Guatemala, es una señal de alerta sobre lo que nos espera en un futuro cercano: sociedades en las que el Estado ha fracasado y un porcentaje considerable de electores se vuelven con una mezcla de fanatismo y desesperanza hacia los movimientos cristianos que cada vez cobran más fuerza. La unión de política y religión es de las peores para una sociedad y que se utilice el metal como caballo de batalla para conseguir el favor del voto cristiano es preocupante. Y a la dupla de política y religión puede sumarse la apatía del colectivo metalero en general. Sin embargo, la reacción de apoyo a Marduk indica que la apatía puede enfrentarse cuando nos une una causa común.

Dicho lo anterior, el caso Marduk abre muchas puertas y presenta un abanico de opciones bien interesante: el interés por el Metal está ahí, el tópico dará pie a más de una letra y probablemente la música subterránea en Colombia se haga más extrema en sus manifestaciones. Hay toda una nueva generación que se acerca a esta expresión cultural y puede cultivarse.

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1) “No dar papaya”, es decir, no brindar la oportunidad al aparato gubernamental para bloquear administrativamente los eventos independientes. Para ello, los organizadores de eventos, dueños de establecimientos, y el público en general, deberá hacer algo que para el colectivo metalero suena raro: acatar la ley. Sí, no es tan sencillo; todo este episodio nos recuerda que esto es bien difícil en Colombia, un país donde las mismas autoridades se hacen los de la vista gorda y/o miran para otro lado cuando les conviene, pero pueden ser inflexibles y utilizar cuanta triquiñuela legal con tal de sellar un local y bloquear un evento. Claro, el sistema nos permite seguir jodiéndolo desde adentro utilizando sus propias reglas, pero la gran mayoría de locales en los que se realizan este tipo de eventos en Colombia serían aptos para recibir espectáculos de bandas pequeñas. Un ejemplo: según esa reglamentación es indispensable que para un evento de más de 500 personas, los locales deben tener salidas de emergencia, contratar ambulancias… en fin, cosas de ese tipo.

2) Leiga pa’ que se instruiga: en Colombia somos amigos de evadir la norma. “Hecha la ley, hecha la trampa” dice la sabiduría popular. Pero la mejor enseñanza es el ejemplo, y hay que blindarse, normativamente hablando, de manera que no haya fisura o resquicio por donde puedan bloquearse eventos futuros. Hay que hacer la tarea. Si se quiere hacer las cosas “como debe ser”, con los estándares internacionales mínimos de calidad –en este caso, la organización de un evento—lo menos que puede hacerse es conocer la normativa.

3) Volver al ‘under’: esta es una opción que hoy en día no es muy viable para la mayoría, ya que representa mayor trabajo y mayor esfuerzo. Sumarle a la promoción en redes sociales la impresión de volantes, panfletos y publicaciones impresas. Seguir haciendo las cosas de manera ‘informal’ sin tener en cuenta lo legal puede parecer un escenario atractivo, pero a la larga contraproducente. Los tiempos han cambiado y hay que adaptarse o perecer.

4) Divididos, venceremos: contrario a lo que pueda pensarse, la fortaleza del metal como expresión cultural está en su diversidad. Podemos centrarnos en las diferencias de estilo, fijarnos en la “pinta” o indumentaria de una banda, gustar o no de un subgénero o un estilo particular, porque nadie está obligado a gustar de todo. Pero nunca, nunca perder de vista que, por más diferencia que haya, nos une un ideal en común: expresar el disenso, el pensamiento divergente, la idea censurada, la estética que sólo agrada a unas minorías por fuera del gran conglomerado social. Por eso el metal es una música marginal, para gente marginal (entendiendo como “marginal” la persona que, voluntariamente, se aparte del ese gran conglomerado).

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Lejos de victimizarse y reclamar aceptación, el metal iza orgulloso el negro estandarte del opositor, del dedo acusador de quien señala las fallas, del iconoclasta que destroza con su arte los ídolos a su alrededor, del atavismo que se inspira en las glorias de pasados remotos, del burlador, el nihilista, el crítico, cuyo arte es también producto de exportación cultural que trasciende clases sociales, etnias, fronteras, culturas y traspasa las barreras del lenguaje.

Y, sobre todo, porque este soberbio, majestuoso, crudo, áspero, llamativo, diverso, magnífico y exquisito género musical le recuerda al gran conglomerado social que hay una realidad allí afuera; una realidad desagradable, que nosotros confrontamos y ellos quisieran ignorar; celebramos lo que ellos quisieran negar, y nos complacemos en lo que ellos más temen.

«No son las mismas ideas, pero estamos en la guerra»

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2 pensamientos en “MARDUK: Luego del escàndalo, ¿ahora qué?

  1. A mi no me parece que nos debamos ocultar, debemos pelear, así como nos imponen géneros, votaciones, protocolos, normas y cuanta mkda les convenga, nosotros también podemos reclamar respeto, libertad de culto y libertad de expresión.

  2. En Nariño sur de Colombia estamos contentos de haber presenciado el concierto en Pasto..Debemos seguir en la lucha por defender nuestra cultura Metal…Saludps Marduk.

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